A ver como puedo explicar esto sin armarme yo mismo un lío con sucesos y fechas.

Cuando en 1992, al comienzo de las vacaciones de verano, empecé a darle vueltas a lo de organizar una HispaCon -la primera- en Valencia, acababa de retomar un viejo juego del Spectrum llamado «Los Señores de Medianoche».

Una creación del fallecido Mike Singleton.






Para ser sincero he de decir que nunca lo había dejado, pero tener que cargarlo y recargarlo cada vez desde el casete superaba, generalmente, las ganas de echarle un pulso a las fuerzas del mal y el tiempo del que disponía para hacerlo.

El juego, para los que no lo conozcáis -sugiero, no obstante, que busquéis referencias en Internet-, es una aventura gráfica de ocho bits, genial tanto desde el punto de vista argumental como algorítmico, en la que las fuerzas del Bien han de hallar el modo de vencer al Mal que, como el hielo en una glaciación, pretende dominar el mundo congelando las tierras y los corazones de las gentes de Medianoche.




Cuando aquel juego salió al mercado -1984- yo, como muchos otros de mi generación, programaba y hacía juegos. Lo mío eran las aventuras gráficas y me enorgullezco de haber creado algunas muy logradas. La de Singleton dio mucho que hablar en las reuniones sabatinas del Grupo Gandiva.

En una de aquellas reuniones, mi buen amigo Pellicer -el Pelli- sugirió hacer un tebeo inspirado en el juego. Su idea era reconstruir en imágenes una de las extraordinarias campañas encabezadas por Luxor, el Principe de la Luna; Morkin, su hijo; Rorthron el Sabio; Corleth el genio y los generales del Bien, para acabar con el gélido poder del malvado Doomdark.




Mapa de Medianoche



Estuvimos con aquello entre manos durante todo el verano, entre otras cosas, hasta que se acabaron las vacaciones y hubo que retomar la marcha.

Después -poco después- empezó el trajín de la primera de las cuatro convenciones que estaban por llegar, la de Alboraya, y el plan quedó en agua de borrajas.

Pero, he aquí que a comienzos del verano del 93, estando la familia en Eslida -un precioso pueblo de motaña donde mi familia tiene una antigua casa, la Casa del Abuelo-, la cosa resurgió con un enfoque mucho más personal y complejo.

Y fue, como suele sucederme, gracias a mis hijos.

«Papá, cuéntanos otro cuento para la siesta». Pidieron un buen día en que, como de costumbre, había estallado el motín de las 15:30, cuya finalidad era revelarse contra la cabezadita de la tarde. Aquel día, vaya usted a saber porqué, salieron con que el único modo de avenirse a chafar la oreja era anestesiados con un cuento. Como ya era costumbre por la noche.

Y tuve la ocurrencia de propornerles que me diesen tres protagonistas -los que fuesen y por alocados que fuesen-, y yo inventaría un cuento utilizándolos como protagonistas. Aquella idea les encantó. De hecho, se convirtió en una tradición familiar para empezar la siesta, pasando del ensueño al sueño con una pizca de magia. Y sin protestas.

Bien, el caso es que una tarde empezaron como de costumbre con la selección de protagonistas. Le tocaba elegir el primero a Andrea -el orden era sagrado-, y se decidió por un oso polar. Por allí, en una estantería del cuarto, había uno de plástico de apenas un pulgar de alto, que debió sugerirle la idea.

Eduardo contrató a un esforzado guerrero con su espada y su escudo, pero «sin caballo, papi», especificó. Por algún motivo, con toda seguridad relacionado con la magia que los dos llevan dentro, Andrea remató el casting eligiendo nada más y nada menos, a la mismísima Luna lunera, cascabelera.

Creed que no era un reparto demasiado alocado -llegué a contar cuentos protagonizados por una mosca, un delfín y una montaña «rosa»-; pero antes de empezar a contarlo y mientras lo contaba algo estuvo rondándome la cabeza.

Ellos ya estaban dormidos, y yo seguía a los pies de sus camas sin quitarles ojo, pensativo, como si estuviese sonando una alarma en mi interior y no recordase a santo de qué la había programado.

Estuve allí, con ellos durmiendo a pierna suelta, dándole vueltas a la cabeza.

Un oso polar, un guerrero sin caballo y la Luna. Cogí la costumbre de anotar cada día los personajes que me proponían y una brevísima sinopsis del cuento, por lo que conservo como un tesoro aquel entre otros cientos.

«Oso polar, guerrero, Luna». «Oso polar, guerrero, Luna». «Oso polar, guerrero, Luna»...

De repente, dándome -supongo- una palmada en la frente que por suerte no despertó a mis dos preciosos tronquitos, enlacé aquel trío con el hielo -oso polar- y un guerrero que vaga por tierras heladas, sin caballo en pos de algo. Añado en este punto, que todos los personajes de El Mundo de Medianoche empezaban la partida a pie, sin caballos. Los caballos los encontraban durante el transcurso de su aventura. Y la Luna... ¡Por todos los santos! ¿Cómo habían podido aquellos críos enlazar aquellas cosas al azar?

Cerré los ojos y pude ver, a través de la ventisca, a Luxor, el príncipe de la Luna, con la armadura oculta bajo gruesas pieles, contemplando una recua de caballos salvajes y diciéndose a sí mismo, que marchar andando o a lomos de uno de aquellos nobles animales, podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Entre el éxito ya el fracaso de su cruzada contra el diabólico Doomdark.

Recuerdo que salí rápidamente al estudio que tengo en la buhardilla, justo frente a las habitaciones de la planta superior, y puse en negro sobre blanco lo que mis hijos me habían inspirado.

En poco tiempo Luxor cambió de nombre, biografía y encomienda, para llamarse Ariadánn Kobéi, ser rey e hijo de reyes y caudillo de las fuerzas del Bien, para reconquistar las tierras de Dhänna, perdidas por la soberbia y la indolencia de sus antepasados y ocupadas por sus vencedores, las hordas de la poderosa señora de la Destrucción: La Plaga.

Medianoche desapareció, para reaparecer posteriormente como homenaje a Singleton, en uno de los relatos inspirados en aquel mundo.

Un mes y pico después, tras varias extensiones y revisiones, nada quedaba de Los Señores de Medianoche más allá de algunos homenajes puntuales, relacionados exclusivamente con nombres; y una quincena más tarde incluso esos homenajes nominales se habían reducido drásticamente. La cuestión es que a finales del 93 ya había desarrollado los rudimentos de la cultura talamtéi, así como el alfabeto y la pronunciación del idioma hadaushii y, sencillamente, la mayoría de aquellos nombres no encajaban.

Después, con la llegada del año nuevo y los quebraderos de cabeza de las dos convenciones nacionales que pretendía organizar -y organicé, primero en Alboraya y luego en Burjassot- durante aquel 1994, los papeles sobre aquel apasionante tema pasaron a dormir en un cajón.

En principio iban a dormir unos meses, hasta concluida la HispaCon del 94 en Burjassot... Pero el ayuntamiento, impresionado por el éxito, ofreció a la AEFCF, de cuya directiva yo formaba parte, organizar allí mismo las HispaCones de 1996 y 1998 y confiarme de nuevo su dirección, con lo que, repentinamente, me vi con cuatro años más sin un minuto libre que dedicar a mis proyectos.

Y la siesta prevista para un proyecto que ya tenía como nombre definitivo «La Guerra de los Dioses»; acabó convirtiéndose en una larguísima hibernación.

  En la primavera de 1999 el cajón se abrió, las telarañas salieron volando y Dhänna, La Tierra Eterna, empezó a llenarse de sonidos, de voces, de música, de vivencias, comedias y tragedias, de ciudades majestuosas e increíbles monumentos, de batallas, de expediciones y descubrimientos, de hechos y seres legendarios... De profundidad y colores grandiosos...

Hasta la fecha, La Guerra de los Dioses ocupa más de ocho mil páginas de historias, mapas, retratos de gentes, descripciones de sus costumbres, esbozos de su fauna y su vegetación, los alfabetos (8) de sus pueblos, normas de pronunciación, arquitectura, tradiciones...

...




Por cierto, la aventura de Los Señores de Medianoche tuvo una segunda parte a mi juicio no tan atractiva aunque, sin lugar a dudas, magnífica: «La Venganza de Doomdark». Gracias a la gente de Chilli Hugger Software, ambas aventuras gráficas están disponibles para OS X, iOS e incluso Windows y Android ;) con lo que, hasta la fecha, no he dejado nunca de luchar codo con codo con Luxor, Morkin, Rorthron, Corleth y los demás señores de Medianoche, contra el temible Doomdark y sus huestes de guerreros del hielo.





...

   

 
OrígenesLA_GUERRA_DE_LOS_DIOSES.htmlLA_GUERRA_DE_LOS_DIOSES.htmlshapeimage_2_link_0